Personaje
De material sensible
Roberto García H.
Original y constante, Esteban Monge se consolida en la nueva canción
Artículo publicado en la Revista Dominical del periódico La Nación, el domingo 2 de abril de 2000.
Chubascos de frío y niebla parecen dibujar al viento. Ante el haz de los reflectores, la lluvia forma un caleidoscopio. Festival Amubis 2000, en San Isidro de El Guarco. Casi al filo de la medianoche del sábado 4 de marzo, un joven espigado se planta con su guitarra. Sobre el improvisado escenario, al aire libre, el cantautor repite un viejo ritual: hombre y guitarra. Esteban Monge Flores es el último intérprete, la figura de cierre en la noche de compromiso y canto.
Luis Ángel Castro, Natalia Esquivel, Rubén Pagura, Manuel Monestel, entre otros, lo antecedieron en la clausura de este festival que la Asociación Cultural Amubis realiza desde hace varios años en San Isidro de El Guarco, en el extremo sur del valle del mismo nombre, en el Cerro de la Muerte.
Un día de 1990 escuchó cantar a Luis Ángel Castro y se percató del montón de cosas que se pueden decir con una guitarra. Ahí nació su convicción de que escribiría sus propias canciones. Desde su inicio en el Coro de Niños de Llorente de Tibás, hasta hoy, la música parece abrir caminos. Y Esteban se permite dudar. Entre el derecho –está en proceso de su tesis en la Universidad de Costa Rica–, la filosofía y el canto, lo último que sacrificaría es la música, confiesa.
Con unas 25 composiciones propias y un disco compacto original y exitoso: Verdad Infinita, la búsqueda no ha sido fácil. "Primero tuve que cantar música de otros y luego convencer, a mis propios músicos, de que mis canciones tienen posibilidades". Su nombre suena ya en el ambiente de la nueva canción, o la música alternativa, denominaciones quizás gastadas para ubicar el perfil de esta gente de material sensible. Son los cantautores, artífices del verbo y la melodía.
"Estoy en esto porque para mí es una necesidad vital. Escribo y canto porque me nace. No pretendo la notoriedad. Para mí la fama no es más que un producto del marketing. Valés por lo que hacés. Cualquier persona que se esfuerce con honestidad por cumplir sus sueños, merece respeto y admiración profunda, aunque no se pare frente a un micrófono con una guitarra".
Sin esculcar en el calendario, se adivina un joven virtuoso, una característica, la juventud, que Esteban descarta como crédito. La filosofía de sus letras, su voz suave y melódica, es lo que exhibe como argumentos para ser reconocido.
Una osadía
La noche del 24 de octubre de 1999 fue una prueba triunfal. El cantautor llenó el Teatro Melico Salazar, en el concierto de presentación del primer compacto, Verdad Infinita. Porque, para cualquier artista, plantarse en ese escenario es todo un reto, dada la calidad de ese espacio histórico. "Si había un disco, había que presentarlo. Antes habíamos realizado conciertos en otros teatros más pequeños, como el Giratablas. Y, esa vez, escogí el Melico simplemente porque era el único que estaba desocupado ese domingo por la noche".
Colgando del cielo, Verdad infinita, El color de los sueños, De material sensible... Esteban, junto con su hermano Luis Eduardo Monge, en los teclados; Roy Coto, bajo y el baterista Carlos Pipo Chaves, inundaron el espacio de melodías, mientras una serie de imágenes sugestivas se proyectaban al fondo; entre ellas, la portada del disco, un dibujo sencillo y original, obra de Diego Pacheco Alvarado, uno de sus amigos.
En esa noche de los aplausos, la gente se quemó las manos.
Sus interpretaciones van más allá de la simple relación de pareja y evocan otras sensaciones más profundas. "Vivimos una totalidad. No puedo dividir el amor de la política, por ejemplo. Porque amar es un acto político. No hago música reciclable. Procuro respetarme y respetar las relaciones que han generado esos temas.
"Igualmente pretendo que mis canciones las escuche todo el mundo. No creo en el público-meta. Al menos en este producto, el público meta es toda persona con sensibilidad."
A veces se parece a Silvio Rodríguez, pero tiene su propia voz, su sello personal. Alto y delgado, suele vestir de manera simple. Ropa holgada y una gorrita tan inseparable como su guitarra acústica. Sonrisa tímida. Mirada nítida. Sus admiradores –ellos y ellas– lo saludan festivos en los alrededores de la U. Esteban responde con un "¡pura vida!". Y desde el alma parece pedir disculpas. Sí, por la fama.
Lo que quiere es triunfar. Y lucha por ello.