CRÍTICA DE MÚSICA (Publicada en LA Nación del 6 de octubre de 2008)
Crítica de música: Reforestando almas
Cantautores. Ismael Serrano y Esteban Monge brindaron una noche de intensa originalidad
ALBERTO ZÚÑIGA | albezuni@gmail.com
En la música popular, cada época tiene sus ídolos. Algunos creados y promocionados por la industria y otros, más auténticos, creados por sí mismos y promocionados por su propio público.
Un breve recuento de estos últimos nos trae a la memoria los nombres de Bob Dylan, Joan Manuel Serrat, Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina y, ahora, Ismael Serrano. Consciente de no haber mencionado a alguna mujer en el grupo advierto que el comentario se perfila en los márgenes que nos han dejado la influencia de cantautores que, como los aquí citados, han marcado línea a seguir en la generación de su tiempo.
En cada uno de estos hombres se desglosan, a través de su obra, su forma de interpretar y su discurso permanente, los signos de su tiempo. Marca indeleble de lo que aquí ocurre, nos afecta y nos imprime en el ánimo cotidiano. En esta su cuarta visita, escuchando cantar –y sobre todo hablar– a Ismael Serrano obtuve algo que me hacía falta para completar mi percepción de él y su obra.
Había algo en sus canciones que causaba una extraña especie de desánimo, inspirador y positivo, a la vez. Una singular llamada de atención sobre el mundo en que vivimos y la gente que nos rodea. Habría que agregar la fuerte carga nostálgica y melancólica que queda como residuo después de una sesión con sus canciones más ese deseo de poder hurgar, solo con la mirada, las intenciones de aquellos más próximos a la burbuja social de cada quien.
Serrano ha logrado diseñar uno de los tantos códigos con los que podríamos, en un futuro tan cercano como el presente, tratar de comprender el hacia dónde vamos y el que queremos. En cada disco de Serrano, ya sea que este nos lleve a las esquinas de las populosas ciudades, a galaxias lejanas o puertos cercanos, hay un mapa emocional de los seres humanos.
Cada canción es una llave para poder encontrar, sin trampa, los comportamientos esenciales de las personas.
Acompañado, como en las anteriores visitas, por Fredi Marugán, notable guitarrista y socio perfecto para estas sesiones intimistas que siempre nos ha brindado, Serrano desglosó algunas de sus más conocidas letras y otras del nuevo disco en su conspicuo estilo. Brillante orador. Comunicador perfecto de su propia obra. Cómplice ideal para aquellos que anhelan la palabra bien dicha en el día a día, hostigados como están de la mediocridad en la expresión oral que asfixia tanto como el smog citadino. Se habla tal y como se piensa.
Las canciones de Serrano nos refieren a la tristeza que nos origina este mundo, a los deseos por mejorarlo, a las ganas que le llevamos a quienes lo joden y al gusto por la paz personal. Hoy día no se puede ver al mundo con una mirada de alegría y esa es precisamente la mirada que tenemos. Sospechamos y a la vez necesitamos creer. Amamos y puede ser que no nos sintamos satisfechos. Dulce tristeza la que nos ha traído Ismael pero su paso dejó flores en la cabeza de quienes lo escucharon.
Concluyo dejando testimonio de la excelente intervención que, como artista invitado, tuvo el costarricense Esteban Monge. Sencillo, directo, afinado, original, con discurso propio y control escénico. Dueño de un repertorio propio y con más de diez años de estar profesionalizando su labor. Así como él otros muchos más también merecen el Teatro Nacional. A buen entendedor pocas palabras.