Una calaña incorregible
Puñalada por la espalda a una verdad infinita.
Bértold Salas
(Artículo publicado en el Semanario Universidad No. 1370, del 1 al 7 de diciembre de 1999, periódico de la Universidad de Costa Rica)
Esteban Monge se formó en el pretil, en las peñas culturales, en los conciertos de la Semana Universitaria. También en su casa o la biblioteca, con la música de Aute o de Silvio, en los libros de poesía o filosofía, en los estire y encoge de su corta vida. No hace mucho salió su primer disco y lo presentó en el Teatro Melico Salazar. El 10 de diciembre a las 5 p.m. en el Auditorio Abelardo Bonilla lo presentará a la comunidad universitaria.
"Verdad infinita", que así se le llama a la osadía, es una aventura que se armó él solito, ¿qué tiene que hacer un estudiante de Derecho y Filosofía en el mercado disquero costarricense? ¡Y cantando trova, escribiendo letras que invocan utopías y hasta las exige realizables! Le pedimos declaraciones. Él dice que preferiría que fuera el disco el que hablara. Ni modo, tuvimos que oírlo.
Con las letras viene la fecha cuando fueron escritas. La primera, "Canción perfecta" es de 1993. Indagamos; tenía 17 años. Hacemos matemática: finalizaba el colegio. Y la última es de 1998: IV o V año de Derecho. Una docena de canciones, un montón de cosas en un período corto de tiempo. ¿Pero qué cosas?
En la redada tropezamos con búsqueda interior, referencias a Dios, exaltación del arte, el asesinato del niño, el "Principito" y hasta palabras peligrosas como "revolución". Ni modo, siempre hay descontentos. También hay madurez. "Antes escribía con menos conciencia", le logramos sacar como única declaración. Ahora lo mueve la misma intuición, el mismo deseo arrebatado, pero guiado por más objetivos, más conocimiento de los caminos que ha de seguir tras los sueños.
Escribió "Buscándome" y al rato se enteró de que era existencialista. Cantó "El color de los sueños", pretendió un sueño político y la gente encontró una historia de amor. ¿Cómo combinar el amor y la política, si eso no se usa ya?
¿Pero quién te entiende, Esteban? ¿Cómo pedís que oigamos tus letras, que atendamos la textura de tus dedos sobre las cuerdas de la guitarra? Para eso no hay tiempo: la música de ahora se oye en el bus, en la casa mientras se lavan los trastos, en la soda mientras se come. Siempre hay algo que hacer, por dicha, sino qué carajos, qué embarcada comprender por fin los líos que vivimos. Ya sabemos que querés decir cosas. Decís, como cuentan las malas lenguas que dijo Cabral, que si no las dijeras cantando, la gente no te pondría atención. ¡Hacéte diputado, comentarista deportivo, cura massmediático, así sí te oyen! ¡Seguí de abogado, hacéte un nombre que se tema en los pasillos de los tribunales! ¡Pero cantar y significar ya no "funca"!
Nos decís que la verdad infinita es eso, la verdad abierta del arte, enfrentada (porque queremos enfrentarla, porque querés hacerlo) a lo limitado del mundo. ¿Pero qué te decimos si hay una cierta calaña incorregible y a ella te adherís?
Por dicha.